
No le soltó la mano durante más de una hora hasta sacarla con vida
Salvador, un guardia civil, junto con sus compañeros, no le soltó la mano durante más de una hora hasta sacarla con vida de entre los hierros: "Necesitaba salvar a alguien, era lo único. Y con una persona ya todo mi servicio está bien"
Almudena iba en el vagón 1 del Iryo. Era el último —o el primero, según se mire—, el que cerraba el convoy y el que quedaba más cerca de lo que venía por detrás. El Iryo 6076 estaba detenido a la entrada de la estación de Urda (Toledo), ante una señal, en una llanura de fincas ganaderas y olivares. Poco después de las 8.30 horas, un fallo informático había dejado sin el sistema automático de control LZB 63 kilómetros de la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla, y los trenes circulaban con un protocolo de emergencia que obliga al centro de control y a los maquinistas a intercambiarse la información a mano. Ella no podía saber nada de eso. Tampoco que a su espalda, por la misma vía, se acercaba una fuerza furiosa a más de 160 kilómetros por hora. A las 8.53 del miércoles 28 de octubre, esa fuerza la alcanzó.
Lo que la alcanzó fue la cabeza del AVE 2080 de Renfe, que había salido de Madrid con 379 viajeros y siete tripulantes. El coche 8 del AVE, el de cabeza, quedó empotrado en el coche 1 del Iryo, el de cola. El morro de un tren contra la cola del otro.
En la finca de al lado, los trabajadores oyeron un estallido. El golpe arrancó de la vía el coche 1 del Iryo y lo lanzó terraplén abajo, y con él cayeron también los coches 2 y 3, mientras los dos primeros, allá delante, ni siquiera descarrilaban. "Sale disparado el vagón, dio dos vueltas de campana", cuenta una persona cercana a la familia de Almudena. El coche acabó volcado y girado al pie del terraplén, con el morro del AVE incrustado en su chapa y el interior convertido en un conjunto de hierros y poco más. "Se quedó tirada en el campo dentro del vagón", continúa esta amiga de la familia. Ahí, entre los hierros, quedó atrapada Almudena. Pero entre estos hierros y escombros, también se había creado una burbuja a su alrededor, un hueco que le permitió no perder la consciencia en ningún momento. "Es lo que la salvó", incide esta fuente.
Los servicios de emergencia que iban llegando comenzaron a descartar supervivientes en el coche que había recibido el impacto directo. ¿Qué probabilidades tenía Almudena de sobrevivir? En el accidente, que ha dejado al menos 69 muertos entre las 538 personas que iban en los dos trenes. En el coche 1 del Iryo, lo excepcional fue salir con vida. Lo consiguió una sola persona de todas las que iban en él.
Fuera, los trabajadores de la finca habían abierto las verjas y cortado las alambradas para dejar paso a los equipos de emergencia y a los sanitarios. Dentro del último vagón, lo que encontraron al llegar fue silencio. "Nos podíamos imaginar lo que nos íbamos a encontrar, pero hasta que entras no te das cuenta de la verdadera magnitud de lo que vas a ver", cuenta Salvador, el guardia civil que entró en él. La luz de la mañana llegaba a medias. Y al rato, una voz de chica pidiendo ayuda. No la veían. "Era tanto lo que había por medio de restos de tren y demás que no se podía trabajar". Tuvieron que tumbarse y avanzar arrastrándose por el interior del coche volcado. Almudena estaba consciente y gritaba.
Fueron retirando todo lo que encontraban. Y tras un buen rato, entre los hierros, apareció una mano. "Agarramos la mano, ya no la soltamos y empezamos a hacer turnos para extraer todo lo que podíamos de encima de ella", relata Salvador. Desde ese momento, esa mano fue lo que unía a Almudena con el mundo de fuera: mientras unos agentes la sostenían, otros, junto a los bomberos, le iban quitando de encima lo que la aplastaba, y todos le pedían que no dejara de hablar. Le preguntaron cómo se llamaba. Almudena. En la mano derecha llevaba una pulsera verde de la Virgen de la Macarena, y por ella dedujeron que era sevillana. Tardaron mucho más en verle la cara. Cuando por fin lo consiguieron, Salvador se quedó con una imagen que todavía repite: "Unos ojos claros, que es lo que vi, su mano con una pulsera verde de una hermandad [de Andalucía] y sus ojos claros".
Le taparon como pudieron las heridas que le sangraban en
las piernas. Sobre ellas tenía una traviesa, "parece ser del otro
AVE", y comprobaron que estaba atrapada. Escarbaron en la tierra para
abrirle hueco. Cuando ya parecía que podían liberarla, descubrieron que se le
había quedado el pelo enganchado en los amasijos de hierro; alguien consiguió
unas tijeras y se lo cortaron, sin soltarle la mano. "Se hizo muy largo, muy
largo, pero siempre hubo relevos con esa mano". Más de una
hora después, Almudena salió del vagón "con vida, hablando y entera, en
una camilla ella sola".
Fuente: El Confidencial










